Vidas, tan anónimas como la tuya o la mía. Vidas llenas de recuerdos, de historias. Vidas difíciles, duras como los callos que salen en las manos al trabajar. Vidas malditas, resultado de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, de tomar decisiones erroneas. Vidas buscadas, descuidadas, fruto de la dejadez de sus dueños.
Vidas al fin y al cabo.
Hoy tu vida es como es. Mañana, podrías estar lavándote los dientes en la fuente de Plaza España, pero no dejaría de ser tu vida.
Debería de dormir más.
Algunos de los que me conocen del MundoReal™ saben que suelo llevar una piruleta en el bolsillo. Algunos pocos menos saben el por qué.
Todo ocurrió la noche de un viernes cualquiera. Salí de casa bastante pronto para ser un viernes. Antes de marcharme cogí una piruleta que había comprado días antes (hay otra historia de por qué la compré. Puede que la cuente en otro post). “Quizás me sea útil” pensé. Y lo fue.
¡Qué fácil es alegrarme el día! Ayer a última hora mientras revisaba el correo me encontré con una grata sorpresa. Han preseleccionado una foto mía para ser publicada a finales de este mes en una guía de viajes de España. Aún no es fijo que la publiquen, pero oye, a uno le hace ilusión que se fijen en su trabajo
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Hoy prometía ser un día normal. Me he levantado a una hora normal, he tomado un desayuno normal, ducha normal, comida normal, compra en el carrefour normal (para ser domingo, claro).
Pero todo estaba siendo demasiado normal, así que el universo para mantener su equilibrio ha colocado a un anormal en mi camino, y es por ello que cuando me disponía a coger mi preciado medio de locomoción me he encontrado con esto.
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En fin, mañana al taller a ver por cuanto sale la broma. Suerte que existen estos anormales, si no no habría gente maravillosa.