En un pueblecito del norte de Madrid que hace honor a su nombre (que frío pasamos…), subiendo por una pista forestal se puede llegar a un claro donde los jóvenes suben en pareja con sus utilitarios de segunda mano para experimentar las cosas de la vida y del amor.
Pero además de fornicadores en potencia hay un cielo estrellado precioso, apenas contaminado por la luz de la capital, donde se puede experimentar con fotografía nocturna.
Para este tipo de tomas es mejor subir acompañado (para no aburrirse, por eso de no poder tocar la cámara en 20-30 minutos..) y a ser posible con más de una cámara. Mientras dejas una de ellas haciendo una foto de esas largas puedes hacer el tonto con la otra.
Suscribo todo lo dicho. Sobre todo lo de hacer el tonto con la otra cámara.